DEFORESTACIÓN DE LOS PARAMOS
Debido al aumento de la población, los ecosistemas boscosos que quedan en los Andes están cada vez más amenazados
Los páramos no siempre son verdes. En muchos lugares no tienen vegetación. Se
ha deforestado, deforestar significa quitar los árboles. Cuando esto ocurre los
páramos se empobrecen.
Se deforesta de forma manual (es decir las personas quitan la vegetación) o a través
de quemas.
4Por la deforestación han desaparecido los bosques andinos. Lo que antes era
bosque andino ahora es pajonal. En la Sierra ecuatoriana todavía hay restos de
bosques nativos, ubicados en lugares lejanos o poco accesibles.
A pesar de los esfuerzos de las organizaciones campesinas y de otras instituciones
la deforestación aumenta. Sin árboles se hace difícil la sobrevivencia en el futuro.
Los suelos de los páramos poco a poco se empobrecen
Generalmente se deforesta las áreas de bosque nativo y matorral para:
w Sacar leña y madera.
w Hacer carbón.
w Cultivar.
w Hacer potreros.
Los principales efectos de la deforestación son:
w Pérdida de plantas y animales.
w Disminución de caudales de agua.
w Escasez de leña y madera.
w Empobrecimiento de los suelos (erosión)
Los bosques andinos almacenan el agua, son el hogar de plantas y animales,
proveen leña y madera para la construcción, forraje para los animales, frutos para la
alimentación de las personas y animales silvestres. Los bosques contribuyen a la
conservación de los suelos, ofrecen materia prima para tintes y artesanías.
Los suelos del páramo son delicados. Cuando se siembra en ellos se tiene una
producción buena durante dos o tres años y luego los cultivos son raquíticos, poco a
poco los suelos se empobrecen. Una salida es buscar maneras para aumentar la
producción en las zonas para los cultivos y pastos y así no deforestar los páramos.
No siempre los páramos fueron considerados humedales. Sólo hasta muy recientemente,
gracias a la presión ejercida por organizaciones ecologistas durante la reunión de la
Convención de Ramsar, en Costa Rica, se logró su inclusión como un ecosistema de manejo
especial. Esto enseña que las clasificaciones científicas obedecen también, en alguna
medida, al lobby.
La existencia de los páramos en Colombia suele situarse entre los 3300 y 4100 metros sobre
el nivel del mar
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; sin embargo, esta afirmación tampoco es estricta, en la medida que la
alteración y destrucción de los ecosistemas de selva altoandina abre paso al descenso de los
páramos, lo que se conoce como paramización. Hay páramos que se encuentran, de manera
cada vez menos atípica, a alturas hasta de 2800 metros, como el páramo de Guamuez, en el
sur occidente colombiano, en la frontera con Ecuador.
Bajo sus suelos yacen carbón antracítico, formaciones auríferas, calizas, rocas fosfóricas y
otros apetecidos minerales. Cantidades de ellos se aportan al ciclo de nutrientes. Durante
milenios se acumularon en los suelos paramunos grandes cantidades de material orgánico
en una capa que alcanza profundidades apreciables. Este material de color negro favorece la
absorción de radiación solar. A las alturas de estas montañas hay una mayor radiación por
unidad de área debido a que la capa atmosférica, siendo más delgada, filtra menos el paso
de los rayos del sol. Sería importante conocer cuánta de esa energía se trasforma en energía
química mediante fotosíntesis dado el grado de conservación del ecosistema.
Estos suelos son poco duros y porosos. Los cubren esponjosos tapetes de musgos, líquenes
que se apretujan en complejas y variantes asociaciones vegetales con plantas vellosas, de
formas arrocetadas, con tallos gruesos respecto a escaso tamaño, que parecen bonsáis
naturales, que facilitan la captación y retención del agua atmosférica y de lluvia, y que
protegen los suelos de la radiación y de los vientos, que soplan fuerte sobre la cordillera y a
veces doblan los tallos.
Los ecosistemas de alta montaña presentan un alto endemismo, lo que ha llevado a
estimarlos más bio-diversos que los ecosistemas de la selva húmeda tropical. Esta
diversidad y endemismo se aprecian en todas las escalas de la cadena trófica, desde los
descomponedores microscópicos hasta las aves y mamíferos de gran tamaño como el Oso